NORTE

Es preciso destacar el impacto que produjo la donación de obras que realizó el artista Fernando Botero a la ciudad y la construcción de la Plaza de Botero, los cuales fueron proyectos que marcaron el punto de partida para demostrar la formalización de alianzas y para la consecución de recursos públicos y privados, que soportara un modelo de gestión dirigido a localizar al museo en un panorama global. Estos proyectos que resignificaron la imagen del museo ante el sector del arte y la comunidad, consolidaron la intervención estatal con aplicación de las políticas culturales de desarrollo para las artes plásticas, para darle continuidad a los Salones Regionales con sus nuevos formatos en las prácticas artísticas y curatoriales, y la subsiguiente creación de los Encuentros MDE 07 Y MDE11.

Sobre estos encuentros se puede decir que cuestionaron el modelo bienal para proponer el arte como un escenario cotidiano y de aproximación de diversas estéticas y propuestas de artistas locales, nacionales y extranjeros hacia el desarrollo de procesos más que obtener resultados definidos en la obra. El MDE 07 planteó el arte como una experiencia viva cultural de ciudad, con la nominación de “Espacios de Hospitalidad” construyendo una red de intermediación o “Zonas de Activación” entre la Casa de Encuentro y otros espacios alternativos de la ciudad llamados “Espacios Anfitriones”.

Para el encuentro de 2011 el formato de gestión que resignificó el referente bienal se consolidó en una estructura compuesta por el “Laboratorio”, el “Estudio” y la “Exposición’, los cuales integran los procesos de experimentación y el trabajo colectivo de artistas con el componente pedagógico, a través de conversatorios, talleres y seminarios, estos dos núcleos como fueron propuestos por el grupo de curadores, son formalizados en el núcleo de “Exposición” donde se exhiben las obras y registros de proceso en las dos muestras llamadas Taller Central y Taller de Fundición en una co-producción con la Universidad Nacional y el Museo de Arte Moderno.

Los Encuentros MDE 07 y MDE11 dan cuenta de nuevas formas de relación del arte local con redes de artistas e instituciones del arte a nivel global, es por ello que el Museo de Antioquia como agente gestor y operativo de estos eventos, ha observado la necesidad de cambio en su modelo de gestión que desarrolle conceptos más orgánicos de una práctica curatorial colaborativa e integrada con la cultura de lo social, buscando resignificar su tradición sin desconocer su gran valor como la primera institución museal fundada en la ciudad.

NORTE

Aproximar, articular, entrecruzar, resonar diversas realidades en un mismo plano sucede tanto en las geografías fronterizas que los primeros cartógrafos representaron en los mapas, como en las naturalezas de recónditos pliegues de una pequeña roca contenida por la montana donde descansa por siglos hasta el presente, como en la superficie de cualquier material y objeto al cual se le imprime la cualidad de obra de arte. Hay algo que sucede en la diáspora del tiempo natural de las cosas y es siempre una dirección incierta en el tiempo del universo, nunca hemos sabido si el pasado, el presente o el futuro en su gran misterio, sólo provee unos códigos que debemos acoger para entender nuestra posición en un espacio y por eso nos tengamos que autonombrar pasajeros de estancias locales o globales.

En el tiempo presente el ser local o estar en lo local o que la burbuja de la globalidad transite más allá de una geografía, sea el gran dilema o misterio que proponga una suerte de libertad en la búsqueda de un norte, casi como el paraíso donde todo puede ser posible pero a la vez contenido de espejismo que se diluyen, pero necesitan tomar alguna forma. En la simultaneidad de realidades la idea de sentirnos global es posible que no encaje con la imagen bucólica que la rosa de los vientos nos solía orientar acompañada de la brújula de ese explorador, o que éste en su afán de llegada o retorno al tomar erróneamente otra dirección no pudiera encontrar un norte.

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Hay algo que sucede en la diáspora del tiempo natural de las cosas y es siempre una dirección incierta en el tiempo del universo, nunca hemos sabido si el pasado, el presente o el futuro en su gran misterio, sólo provee unos códigos que debemos acoger para entender nuestra posición en un espacio y por eso nos tengamos que autonombrar pasajeros de estancias locales o globales.

En la exposición colectiva “NORTE” donde participan artistas como Andrey Zignnatto (Brasil), Mario Vélez, Gabriel Botero, Luis Morales, Juan Ricardo Mejía, y Omar Castañeda, se posibilita la proximidad, el entrecruzamiento, la resonancia, la articulación de grafías internas, argumentos conceptuales, mapas estéticos interceptados por un solo presente, convergiendo en el espacio dinámico de tiempos diversos de inspiración creativa, para ver las múltiples dimensiones de una realidad transferidas en estados formales, objetuales y virtuales del arte plástico y visual. Es aquí, en Plecto Espacio de Arte Contemporáneo donde la geografía de las obras presentadas conversa y transcurre en historias locales en la sincronía con un aleteo de mariposa que resuena en cualquier experiencia global (individual o colectiva) y cada una de ellas representa un norte relativo e ilimitado para las cartografías interiores del individuo y su territorio cultural.

Mario Vélez

Proximidad espacial y paralela es una propuesta derivada de una pieza en particular que hace parte del trabajo o serie más reciente titulada Canto Rodado (2014), una serie cuya causa, en gran parte, es un marcado interés por la variación y conversión de la imagen bidimensional hacia la apropiación del espacio real, la realidad tridimensional, inspirada en la belleza y la fortaleza de la tierra y el cosmos frente a la fragilidad del hombre, cuya relación está consolidada por el aprovechamiento del último sobre lo primero, tanto en cuestiones científicas, como estéticas y utilitarias. El mundo de los planos de colores y las líneas entrecruzadas, la pintura, se sale de su faceta bidimensional para hacer parte del hábitat de los cuerpos de los espectadores, los óvalos de la nueva serie ya referida, que por cierto parecen astros flotando, resultan ser rocas reales cuya pesadez y consistencia pueden ser corroboradas por la mirada y el tacto del público, en una especie de laboratorio científico, de inspección antropológica y de apreciación estética, una triada del conocimiento y la sensibilidad humana.

Juan Ricardo Mejía

De que color es la esperanza

“De que color es la esperanza” pone en consonancia la revisión del “ecotono” urbano, aquel lugar de transición donde la ciudad deja de serlo y se transforma en ruralidad.  Ese territorio donde personajes y paisajes naturales y construidos fusionan la genética de hábitos y habitaciones actuales en contraposición con sus procedencias.

A través de una geometría dinámica, que cambia según la manera en que el observador se aproxima, permite a través de unas bandaletas que fragmentan la imagen urbana abstraer en color y forma la evocación de los paisajes urbano y rural.

Doce visores que muestran escenas vividas del lugar,  invitan al espectador a fisgonear en su alma, le develan sus entrañas y establecen una comunicación íntima con él, permitiéndole entender esa ciudad desconocida, aún segregada, y ávida por vincularse de manera activa desde sus subsistemas en los sistemas primarios de la urbe de manera resiliente.

Luis Morales

De la serie Artificios

… La deconstrucción nos ha enseñado que lo que tiene importancia secundaria, lo que aparece como suplementario, marginal o residual, a veces tiene un interés capital para guiar nuestras estrategias de conocimiento. En el discurso visual, esto equivale a lo que la obra de Luis Morales logra. En estos fragmentos visuales, detritos de la sociedad industrial, quedan deconstruidos los sueños de una modernidad terminada. Destruyendo todo principio jerárquico como maniobra deconstructiva, todo yace desparramado. Con la mentalidad abarcante del taxidermista, Artificios va conduciendo estos restos a un potencial expresivo que solo puede estar mediado por lo bello. Y como lo bello la obra nos lo plantea en los desperdicios, ahí es donde va apareciendo lo sublime…

Fragmento del texto para la serie Artificios por Luis Fernando Valencia

Omar Castaneda

The Golden One

Durante la Colonización Española, el oro era para los europeos su fuente de riqueza financiera. Sin embargo, para los nativos de América era algo completamente distinto ya que ese metal precioso, como símbolo, evocaba la magia del cosmos. No era una riqueza material sino espiritual, contenía una carga significativa muy grande para las culturas prehispánicas quienes lo usaban como ofrenda para sus dioses, el sol y la luna.

Desde la llegada de los conquistadores a América, Brasil, Colombia y Cuba se convirtieron en productores importantes de caña de azúcar a nivel mundial. Los productores de caña han pasado por muchos cambios desde que se inició el cultivo hace cientos de años hasta llegar a la situación actual donde enfrentan una situación muy peculiar: Destinar esos cultivos para biocombustibles, lo cual generaría mas ingresos a las economías de la región.

El paralelo entre Panela y Oro es una de las exploraciones visuales y conceptuales de Omar Castañeda. El azúcar era el oro de Europa hace medio milenio. La realeza y los nobles gustaban de mostrar sus dientes careados a causa del exagerado consumo de azúcar y así́ revelar su poder, estrato y opulencia.

Oro, como metal sagrado, era el receptor de la energía solar, la estrella que daba la vida, fuente de fertilidad en la cosmología de las sociedades Precolombinas y en él convergía un profundo significado espiritual. De hecho, la importancia de los objetos hechos en oro iba más allá́ de su peso a nivel de intercambio comercial.

5 noviembre, 2015 | Filed under Anteriores, Exposiciones.

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