Sobre el Papel

SOBRE EL PAPEL
Muestra de dibujo en PlectoGalería
Curaduría Liliana Hernández Obando

Artistas
Libia Posada
Carlos Marín
Felipe Flórez
Laura Montoya
José Andrés Moreno
Emilie Machholdt
Jorge Marín

Dibujo contemporáneo
Por Sol Astrid Giraldo

¿Por qué el protagonismo actual del dibujo contemporáneo en el mundo y en la escena local? ¿Cómo ha sobrevivido a las sospechas que de otro lado  han caído sobre la pintura? Tal vez habría que pensar de nuevo en aquella pregunta de Hals Foster:  ¿Cómo una reconexión con una práctica pasada apoya una desconexión de una práctica actual y/o el desarrollo de una nueva?”. En este sentido podría entonces aventurarse la afirmación de que durante  las últimas décadas mientras se ha dado una gradual desconexión con la práctica de la pintura, se ha presentado una vigorosa reconexión con el dibujo. Esto es evidente en la producción de muchos artistas, en las exposiciones retrospectivas en los grandes museos del mundo de sus colecciones de dibujos clásicos inéditas, en productos editoriales, etc. ¿Por qué está sucediendo este resurgimiento del dibujo, esta nueva valoración? ¿Qué sensibilidad o planteamiento de nuestra época le ha llevado a beber en las fuentes olvidadas y escondidas del dibujo? ¿Qué están encontrando allí los artistas? ¿Qué mecanismo permite esta reconexión con ese continente perdido? No se trata sólo del dibujo expandido, ese que ha buscado salirse de los soportes y materiales tradicionales para llegar al diseño, la arquitectura, los comics, la ilustración, el graffitti, la pintura sobre el cuerpo, el computador, el internet; sino del dibujo esencial, el del lápiz sobre el papel que hoy después de 500 años se está practicando vigorosamente, sin prejuicios ni pudores de anacronismo, como si recién se hubiera descubierto.

Una de las tendencias más claras del arte contemporáneo ha sido su renuncia a la obra acabada para privilegiar el proceso del cual surge el hecho artístico. Es un terreno donde importan más los procesos formativos y de constitución que la obra terminada, donde se subraya el polo mental, donde, el arte se concibe no tanto como apariencia como operación conceptual, donde lo que interesan son los proyectos, los procesos, las relaciones, los juegos mentales, las asociaciones, las comparaciones, donde se desplaza el énfasis sobre el objeto a favor de la concepción, donde la ejecución es a veces irrelevante.

Y es quizás en este punto donde la técnica de ayer con la sensibilidad de hoy se encuentran.

Esta reconexión se podría explicar por ejemplo por la capacidad sintética, esencial, despojada del dibujo.  Este siempre es una acción que no se puede volver atrás. Una acción directa del lápiz sobre el papel, un corte, una incisión que queda marcada y que es un pensamiento de síntesis. El dibujo es el que tiene menos mediación entre la idea y la ejecución de todas las artes tradicionales, a diferencia de las capas de la pintura y su aspiración a obras acabadas, tan en contra del espíritu contemporáneo.

Porque como lo ha dicho Rafael Ortiz, el arte contemporáneo busca que se hagan explícitas las cosas que permanecían ocultas detrás del objeto.  Para la sensibilidad actual son más importantes los procesos que ha tenido que seguir un artista para producir un resultado que el resultado mismo. Seguir esos procesos es la obra. Y el resultado es simplemente una consecuencia. En el arte tradicionalmente el dibujo era el estado previo a la obra, a la pintura o a la escultura. De alguna manera esa historia que tiene el dibujo contiene la idea de proceso. El dibujo no necesita actualizarse mucho en este sentido. El dibujo tiene  implícita esa noción de proceso.

 Así muchos artistas contemporáneos están realizando una reconciliación  con el contorno lineal, con la técnica, con la manualidad, con el soporte que el dibujo arrastra desde el Renacimiento cuando importaba tanto como ahora “esa cierta idea” de la que hablaba Rafael.

 “Uno se la está jugando ahí –dice- Lucas Ospina-, en el sentido en que se tiene un problema en un papel y hay que resolverlo, de alguna manera, pronto y con muy pocos medios. El papel me parece un gran invento, también el lápiz. No me tengo que poner a pensar en el campo expandido del dibujo, en Rauschenberg haciendo un dibujo con una llanta, o en tener que dibujar con semen o con sangre. Suena un poco conservador, pero es como si un pianista encuentra en el piano una máquina que le permite hacer melodías, con una cantidad de teclas y variaciones, y piensa que esas variaciones no se han acabado. Entonces es como si le dijeran a ese pianista: “vaya y búsquese otro instrumento”… A mí el instrumento que es papel, lápiz, acuarela y tinta me basta. Porque me parece que es un instrumento donde se refleja un progreso gigantesco. No progreso en un sentido positivo, sino un logro grande”.

El dibujo liberado de su destino de soporte, convertido en protagonista. El dibujo asumido como un acto mental y manual, inmediato, formal, sintético, develador, profundo, esencial, con una materialidad mínima, siempre en proceso, autónomo, subjetivo, radicalmente bidimensional se ha manifestado con estas características a lo largo del viaje que emprendió desde los apuntes del maestro italiano Leonardo da Vinci en el siglo XVI hasta las hojas sueltas de nuestros actuales dibujantes antioqueños, quienes sin duda pasan por un momento de gran producción y creatividad.

… Lo que aparece es el dibujo contemporáneo esencial, sin énfasis, sin retórica, inmediato, conceptual, procesual usando el vocabulario del dibujo clásico para aventurarse en los enunciados de su época.

4 Diciembre, 2013 | Filed under Anteriores.

Los comentarios están cerrados.